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Una reaseguradora que reinventa
La complejidad del registro contable auxiliar es un desafío serio.

Algunas aplicaciones son difíciles de construir. Esa era la experiencia de una gran compañía aseguradora multinacional con su aplicación de registros contables auxiliares de reaseguros.

La lógica detrás del reaseguro es sencilla. El objetivo es que el asegurador comparta con otros aseguradores los riesgos y las primas de las pólizas que escribe. Al difundir el riesgo, se limitan los daños de una reclamación muy grande sobre una compañía aseguradora, y se puede así garantizar a los asegurados que las reclamaciones serán pagadas en su totalidad.

El proceso de reaseguro implica a un asegurador primario que firma “tratados” de reaseguro junto con otros aseguradores. Estos tratados incluyen términos complejos que describen cómo el asegurador primario y el resto de los aseguradores compartirán los costos y las primas. El esquema parece simple, pero las cosas se pueden complicar muy fácilmente. En primer lugar, puede ocurrir que una de las partes que firme el tratado no sea un asegurador, sino otro tratado que está conectado a su vez a otros tratados y, en última instancia, a otros aseguradores. Esto puede hacer que el ejercicio de calcular los efectos de cualquiera de los tratados implicados sea extremadamente difícil. En segundo lugar, el personal de negocios que elabora estos tratados puede ser bastante creativo a la hora de redactar los términos, y espera que los sistemas de TI los implementen rápidamente.

El propósito de la aplicación de registro contable auxiliar de reaseguro consiste en calcular los costos totales y las primas que se compartirán con cada socio de reaseguro, así como determinar la rentabilidad para el personal de negocios que crea y vende los tratados. Es fundamental que todo se pueda registrar y rastrear línea por línea; en caso contrario, puede suceder que los socios de reaseguro denieguen las reclamaciones presentadas.

QUÉ NO FUNCIONÓ

La historia de esta compañía aseguradora líder en su industria es muy común. Ya en varias ocasiones, sus responsables habían intentado desarrollar una aplicación de registros contables auxiliares de reaseguros, utilizando para ello una tecnología de codificación estándar y equipos muy grandes de desarrolladores. Estos proyectos eran muy caros e insumían mucho tiempo. Una y otra vez, el número y la complejidad de las reglas impedían que se alcanzaran los objetivos. Una y otra vez, el equipo de desarrollo se topaba con dificultades para implementar, comprobar y verificar las reglas complejas utilizando la codificación estándar. Su productividad era tan baja, que los desarrolladores no solo no lograban construir la aplicación, sino que tampoco lograban construir nuevas reglas al ritmo que lo exigía el negocio (a fin de cuentas, el negocio no se detenía mientras se diseñaba la aplicación). Al final, no quedaba otra opción que cancelar el proyecto y decidir que el equipo de negocios volviera a las hojas de cálculo y el trabajo manual. Un desastre, vamos.

QUÉ FUNCIONÓ

Fue un vicepresidente senior quien dio finalmente con la clave. “Esto es algo que Ab Initio tiene que poder solucionar”, pensó el ejecutivo. Considerando cuál era la experiencia de la compañía con otras tecnologías, la apuesta resultaba arriesgada. Normalmente, implementar un proyecto de esta envergadura lleva a un equipo de desarrolladores grande entre cinco y siete años. En este caso, el cliente reunió a un equipo de desarrolladores mucho más reducido y Ab Initio suministró dos consultores.

Los proyectos de Ab Initio suelen exceder los límites convencionales en lo tocante a volúmenes de datos, ritmo de las transacciones e interoperabilidad. En esta oportunidad, los volúmenes eran muy modestos, ya que ni siquiera las compañías aseguradoras más grandes procesan tantas reclamaciones. Además, todos los datos eran sencillos y se accedía a ellos con facilidad. El desafío pasaba entonces por tener que lidiar con un gran número de reglas complejas (aparte de tener que considerar requisitos de negocio que cambiaban constantemente). Dos de las fortalezas de la tecnología de Ab Initio se revelaron esenciales para este proyecto. Su alta productividad y sus herramientas para la administración de complejidad.

El proyecto duró tan solo 18 meses, durante los cuales el equipo implementó y comprobó aproximadamente unas 15 000 reglas. Una de las claves para explicar su éxito fue la capacidad que la tecnología de Ab Initio tiene para hacer un seguimiento gráfico de las computaciones lógicas: desde los resultados finales hacia atrás, hasta las entradas originales. Se trata de una capacidad que, además de ser un requisito de negocios en curso, permite auditar todos los resultados en caso de duda, ya que con un solo clic, los usuarios pueden visualizar toda la lógica que se aplicó a los datos. Por último, la aplicación desglosa detalladamente toda la información que pasa por todos los tratados. Ahora, cuando se envía una factura a un socio de reaseguro, ya no hay más preguntas acerca de lo que se debe pagar. Ya no existen más hojas de cálculo ni trabajo manual.

Aquel ejecutivo que tuvo la feliz ocurrencia de acudir a Ab Initio salió airoso tras decidir correr riesgos. Y no solo eso. Sus esfuerzos se han visto recompensados con un nuevo cargo.

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